La Jornada 13 de enero de 1999

Soneto

Soneto

(VIII)

Yo te escribiera a diario, dueño mío:

fatigara tus ojos con mi anhelo;

diera al papel las tintas de mi duelo

y al sol la angustia de mi lecho frío.

Pero, ¿cómo plasmar mi desvarío

con palabras escritas en el hielo

deste común hablar, luz de mi cielo,

deste lenguaje pródigo y vacío?

¿Cómo mi muda voz expresaría

todo el amor, en lágrimas deshecho

que riega en aguardiente mi agonía?

Grite tu corazón, con el estrecho

mensaje de su voz, la vida mía

en la dorada cárcel de tu pecho.

* Tomado del capítulo Sonetos, del libro La estatua de sal