Luis Linares Zapata
Constantes
LA ENCUESTOLOGIA QUE SE HA DESATADO en el país para mensurar el fenómeno electoral, viene mostrando una constante digna de un electorado que tiene ya bien definidos sus sentires y horizontes. Muy a pesar de los continuos traspiés de los candidatos, de sus nebulosas propuestas, ataques mutuos, propaganda mediática, de sus ilusiones y tonterías, la ciudadanía aparece bien asentada en sus posturas respecto de cada uno de los contendientes por la Presidencia. F. Labastida (FLO) y el PRI se mantienen en la punta con un tope de 40 por ciento de las preferencias. V. Fox en un lugar contiguo, con un techo cercano a esa misma proporción y tratando de dar un empujón adicional con base en desplantes y golpes publicitarios. Ambos contendientes, puede decirse, en ''empate técnico''. Es decir, una diferencia que bien puede desaparecer debido al error aceptado por la muestra usada en las distintas encuestas para sensar la opinión colectiva. C. Cárdenas y el PRD vendrían en un lejano tercer sitio. Fuera de la disputa efectiva. Los demás participantes en la carrera serían marginales, con menos del 4 por ciento.
Estos hallazgos de los sondeos, al menos los coincidentes y de mayor confiabilidad, arrojan una consistencia tal que, durante los últimos tres meses al menos, permite afirmar que así seguirá la competencia hasta el día final. Los sucesos que podrían alterar el escenario descrito son, al menos, tres visibles. Los debates y la selección de candidatos al Congreso, por un lado, y por el otro, el que puede llegar a ser determinante: un desbalance de fuerzas en la batalla por el Distrito Federal. Tal parece que López Obrador se empieza a despegar de sus oponentes y puede alzarse con una victoria similar a la que su partido obtuvo en el 97. La cuestión a dilucidar entonces y, de darse tal pronóstico, sería determinar a costa de quién de los restantes lograría esa ventaja.
De ser a cargo de Creel, entonces el PAN bien podría caer hasta el tercer lugar nacional y Fox se olvidaría de sacar al PRI de Los Pinos. Si es, como todo indica que sea, por la caída de Silva Herzog y acompañantes, entonces el PRI y FLO podrían entrar en una zona de peligro. Faltaría, en este escenario de catástrofe priísta en el DF, y para que se diera la alternancia, que Fox concitara, en el ámbito nacional, una franja más amplia del voto opositor a la que, hasta ahora, ha conseguido atraer.
Para completar el panorama que emerge de las encuestas, las estrategias para cada partido podrían enunciarse de la siguiente manera. FLO quiere mantener su bajo perfil y, con ello, minimizar los costos que los prolongados y malos años de gobierno le arriman a su figura. Quieren, con ello, asegurar el primer sitio montados sobre el vasto aparato priísta y la inercia conservadora del votante.
Cuentan, en auxilio de su estrategia, con la sólida base de una economía hasta ahora estable y en crecimiento. Fox, por su lado, pretende llevar una promesa de campaña a cada uno de los auditorios. Se trata, afirman sus asesores, de ganar simpatías y votos, no tanto ser coherente y menos presentar un conjunto sólido de programas de gobierno. Sabe, este sui generis personaje, que necesita del voto útil para encaramarse al frente de la contienda.
CCS, en cambio, trata de salvar al partido y, con ello, ganar el DF. Todo indica que sus posibilidades de triunfo en la Presidencial han sido aceptadas, por su entorno directivo, como mínimas. Para el perredista, llegar a situarse en el rango de, digamos, 25 por ciento del voto nacional, es una meta asequible y, con ella, llevarse la segunda pieza en importancia de los cargos públicos: la jefatura de Gobierno.
En este panorama de supuestos unos partidos, y sus abanderados, tienen, como es de esperar, mejores posiciones relativas que otros. El PRI aparece como el que reúne las condiciones suficientes como para llegar a la fecha fatal asegurando la Presidencia pero, de ninguna manera, el carro completo que anuncia.
Fox no ha podido convencer a los ciudadanos de ser una opción que catalice el voto útil, a pesar de sus insistentes llamados a los militantes y simpatizantes de los otros partidos para que apoyen su candidatura. Aun cuando tal llamado supusiera la ruina de los demás, en particular del PRD. Cosa que está muy lejos de suceder. Pero, además, Fox está dando una pelea en solitario.
Los cuadros de su partido andan a la rebatinga de posiciones y sólo tangencialmente desempeñan un papel de relevancia en la campaña presidencial y en la del Distrito Federal. Quieren asegurarse una parcela que los defienda de la centralidad que Fox ha alcanzado, pero Diego, el jefe del salinato, el adalid panista de otros tiempos, ha quedado bastante herido como para responder al llamado de urgencia que le envían sus marginados compañeros.
Así las cosas, tanto los debates como la puesta en movimiento de los aparatos partidistas, son las únicas incógnitas que permanecen pendientes para atestiguar las finales que se aproximan con el paso de los días.