miercoles Ť31Ť enero Ť 2001

Luis Linares Zapata

Giras, ventas y cambio vacuo

Armado con la gran fuerza de su voluntad y con el apoyo de sus conciudadanos, el presidente Fox salió a su primera gira por algunos de los países más ricos del planeta. Se introdujo por la puerta grande: a Davos, Suiza, donde se reúnen exitosos empresarios para escucharse y entrar en contacto con los líderes de hoy y del mañana. Ahí, y con la familiaridad que da un trato entre iguales, dibujó el panorama halagador de un nuevo milagro mexicano a realizar en el sexenio de su administración. A juzgar por las primeras aproximaciones logró su objetivo: impactar, con propuestas de aliento e imágenes proyectadas a futuro, a una comunidad ansiosa de oír y asegurarse de encontrar después las facilidades de que gozan en las naciones civilizadas donde habitan, pero con un aderezo de prontas y jugosas utilidades adicionales.

Tomó así el riesgo de la aventura en proporciones de campaña electoral prolongada al mundo. El gran salto hacia adelante, el cambio a la altura de los deseos majestuosos impulsados por gente trabajadora y de buena intención. La terca realidad, sin embargo, no caminó en la dirección que Fox necesitaba para sustentar tales transformaciones. La seguridad pública, tan sentida por los hombres del dinero, se vio afectada con la súbita fuga de El Chapo. La economía apenas resiente los primeros golpes de las tribulaciones estadunidenses y ya boquea.

Las divisiones e injusticias del cuerpo social del país se reflejan con crudeza en los tanteos para lograr una paz duradera en Chiapas o para someter a control los numerosos grupos guerrilleros que aparecen sin cesar. Las tensiones y posturas adoptadas por los partidos relevantes no auguran la continuidad de las reformas fiscal o del Estado, tan necesarias, como básicas, para la estabilidad y el crecimiento sostenido.

Pero Fox no tuvo empacho de presentarse como firme promotor del crecimiento ya anunciado desde su campaña, muy a pesar de las serias restricciones de ahorro, infraestructura, educación e ingresos públicos, por sólo mencionar algunos de los escollos a salvar de inmediato, si tal milagro dibujado puede llegar a concretarse.

Pero no quedó ahí el paquete de acciones prometidas. Se adentró por las resbaladizas calles de los objetivos precisos y mesurables, como llevar a México, y a su fábrica nacional en particular, a ser una potencia exportadora que logre volúmenes de ventas con Europa y Asia similares a los alcanzados con Estados Unidos. Y ello en un lapso de seis años. Mostró así que pensar en grande no es exclusivo de los empresarios ahí reunidos ni de los mandatarios de la mayoría de los países de donde provienen.

Esperar que la comunidad repita el esquema estadunidense es, entre otras cosas, ignorar la vecindad mediterránea con Africa y los urgentes compromisos con los países de sus vecinos del este europeo. Fox calcula que con el impulso que le dará a los changarros, puede cumplir la mayor parte de su tarea, y en ello ya trabaja el señor Derbez en la Secretaría de Economía con un fondo de algunos miles de millones de pesos. Por eso fue a Milán, Italia. Ahí se aprende la lección que dan las pequeñas empresas encadenadas como pilares del empleo y las exportaciones masivas. Lástima que no conectó con el norte de España, Irlanda o el sureste de Francia. Y por eso se presentó en Francfort para alentar a las medianas empresas que empujan el milagro alemán para que vengan a México, y de nueva cuenta repitan su historia de logros tecnológicos, desarrollen productos de calidad e incursionen por los sectores de punta.

Con lo que no contaba al llegar a ese refugio de invierno fue con la irrupción chiapaneca, justo en medio de la conferencia de Davos con todo y sus proyecciones de un futuro que nos alcanza o de las altas finanzas empresariales en pos de nuevos mercados donde invertir. Ahí mismo, Marcos también tuvo su momento, después de todo. El conflicto chiapaneco mostró de lleno sus interrelaciones globales. Ni modo, a donde vaya el Presidente mexicano llevará parte sustantiva de sus problemas. Hasta en ese conspicuo lugar alpino aparecieron los aguerridos globalifóbicos prozapatistas. No digamos en la capital de la Toscana, donde tienen activos simpatizantes. Hasta ahí lo han seguido los avatares por sentar al EZLN en la mesa de negociaciones.

Para aquéllos que pretenden circunscribir el conflicto chiapaneco a una remota zona geográfica y pretendan aislarlo como un asunto de marginación e ideología fuera de moda, se toparán con sus múltiples ramificaciones que, aquí dentro, aún no se atinan a desentrañar y sí se aprecia un constante ir y venir a banquetazos. Fox corre el peligro, con sus entusiasmos desmedidos y las cortedades impuestas por la realidad, y Marcos mismo (no Sebastián Guillén), de dejar flotando, sin asideros ni sostenes, el imaginario despertado con su triunfo electoral de un cambio trascendente. Y eso, entre otras pretensiones, es lo que la marcha zapatista puede ayudar a mostrar cuando, eventualmente, y a pesar de las serias oposiciones, llegue a la capital.