martes Ť 27 Ť marzo Ť 2001
José Blanco
Símbolos contradictorios
Quienes han entendido la resistencia de los panistas al uso de la tribuna más alta de la República como un mero conservadurismo rancio y aristocrático, pecan por lo menos de simplismo.
El examen de los variados y contradictorios significados del uso de esa tribuna por el EZLN no es un asunto menor, sino mayor. Fue un momento francamente liberador cuando una votación cuyo desenlace era desconocido, desembocó en la Cámara de Diputados en una apretada mayoría que abrió las puertas al EZLN. Las razones del mundo indígena hallan hoy en este grupo armado a la organización que puede hablar en voz más alta por su causa.
La movilización indígena y no indígena que en amplios espacios del país impulsaron la marcha zapatista de una forma, y el presidente Fox de otra, la presión social y política sobre el Congreso, incluida la comparecencia de mañana, parecen ser parte necesaria del esfuerzo requerido para alcanzar la eventual aprobación de la ley Cocopa. Es de esperar que la mayoría calificada necesaria tenga la sensibilidad suficiente y la imaginación y creatividad indispensables para innovar y abrir espacios en la Constitución a formas de regulación social distintas a la legalidad liberal que muchos quieren ver como un orden "natural", o el único concebible. Es de esperar, también, que esa misma sensibilidad alcance a las legislaturas estatales, a fin de que la enmienda constitucional sea posible. Es necesario que el multiculturalismo en el que hemos vivido de hecho, sea aceptado también por todos como de derecho. Con todos los riesgos que ello comporta para las comunidades indígenas.
Pero para el presente y el futuro político de la sociedad mexicana es inexcusable examinar otros ángulos del problema. No dejemos pasar el hecho de que los propios comandantes y el subcomandante --y simpatizantes-- han dicho una y otra vez que el Congreso se negaba a oírlos. Lo han dicho a sabiendas de que mentían, lo cual no es tema menor en una organización que dice conceder altos atributos a la verdad. Había resistencia a que utilizaran su mayor tribuna; eso es lo cierto. Los chistoretes de Marcos de que querían recibirlos en la cocina o en el patio son meras baratijas, divertidas para algunos.
Los símbolos son punto crucial. Forman parte sustantiva de la vida de los humanos y son decisivos en la política. Y es tanta la altura del símbolo para las partes en este caso, que hubo dura resistencia en el Congreso, y también dura presión por el EZLN, al grado de colocarse en el extremo: me dan ésa o me voy.
Pero es el caso que los símbolos de la guerra adosados al anonimato y a la inefable indumentaria de Marcos y su estado mayor, de una parte, y los símbolos de la tribuna del Congreso, de otra, son polarmente contradictorios. En el Congreso se construyen las leyes y las instituciones, la "vía armada" es la negación de la política democrática, de la ley y de las instituciones. Los símbolos de las armas se pararán encima de los símbolos de la institucionalidad. Ahí el mensaje.
En materia del procesamiento de decisiones para mejorar la vida social, tienen el mismo rango de altísima importancia las metas a alcanzar que los medios para alcanzarlas. Quienes están de veras comprometidos con la democracia y no hacen de ella una coartada, tienen que exigir sus métodos para procesar todas las decisiones. Lo que está en juego es la sociedad que va construyéndose: una sociedad democrática o un régimen autoritario.
Ahora sabemos que Marcos lo sabe a ciencia cierta: "Si el EZLN se perpetúa como una estructura armada militar, va al fracaso. Al fracaso como una opción de ideas, de posición frente al mundo. Y lo peor que le podría pasar, aparte de eso, sería que llegara al poder y se instalara como un ejército revolucionario... Lo que sería un éxito para una organización político-militar de las décadas de 60 y 70, que surgió con los movimientos de liberación nacional, para nosotros sería un fracaso". Esto dijo a Gabriel García Márquez en entrevista. Saludamos esta tesis en toda la extensión y profundidad de sus significados.
De ahí que los argumentos para apoyar que el EZLN usara la tribuna, del tipo "esta tribuna es del pueblo", sean en este caso obvio populismo. Y, como lo muestra la experiencia histórica, el populismo no tiene ni puede tener compromiso alguno con el método democrático. El método populista sirve para crear caudillos y subordinados, no para crear iguales.
Marcos y comandantes usarán la tribuna en una imposible mezcla simbólica. Los símbolos se abofetearán unos a otros. Queda al Congreso y a los partidos políticos la responsabilidad principal de procesar en el futuro una reforma del Estado que extienda el método democrático a toda la vida social, tal que vaya quedando para siempre negada la posibilidad de la "vía armada" y de la "vía populista".