Lunes en la Ciencia, 14 de mayo del 2001
El hecho refuerza la teoría de la migración planetaria Planeta devorado por una estrella Rita Abreu
"El fenómeno es básicamente una observación que nosotros interpretamos como evidencia de que un planeta gigante debió caer a su estrella. "Desde hace seis años sabemos que hay planetas alrededor de otras estrellas, cuerpos celestes gigantes, puede haber planetas terrestres, pero esto todavía no lo sabemos. Lo sorprendente de estos descubrimientos es que estas masas que se encuentran por lo general orbitando muy cerca de sus estrellas, en algunos casos extraordinariamente cerca, mucho más cerca que Mercurio de nuestro sol, se hayan podido formar en esas órbitas", dice en exclusiva para La Jornada el astrofísico Rafael Rebolo, quien junto con Garik Israelian, del IAC, han colaborado con Nuno Santos y Michel Mayor, del Observatorio de Ginebra, Suiza, en este descubrimiento. MIGRACION PLANETARIA
"Por tanto, tienen que haber procesos de migración hacia el interior, que los sitúan después de un tiempo en esas órbitas cercanas, que ahora detectamos. Ninguna teoría explica esto con claridad ni da todas las respuestas, ninguna explica cómo este proceso se detiene y permite que los planetas puedan existir. Lo que nosotros quisiéramos ver es en cuáles el proceso no se ha detenido y ha conducido a la caída del planeta hacia la estrella. Una idea un poco atrevida al principio, pero creemos que estamos buscando en la estrella indicada. "Pensamos que las teorías de migración pueden ser revalidadas, ya que en nuestro caso, efectivamente ha habido esta migración que ha dado lugar a la caída de uno de sus planetas a la estrella, sabemos que tiene otros dos. "En otros sistemas planetarios este fenómeno puede no ocurrir. Tendremos que averiguar en qué condiciones ocurre, cuándo y cómo. En nuestro sistema solar no ocurre, afortunadamente para nosotros, los planetas están en órbitas muy estables, también es verdad que son órbitas muy circulares. Las de la mayor parte de los planetas que se han descubierto tienen forma de elipse y esto puede facilitar las interacciones con otros planetas de órbitas similares. El equilibrio perfecto que parece tener nuestro sistema solar no abunda en otros sistemas. Así que se pueden dar circunstancias que conduzcan a inestabilidades gravitatorias, consecuentemente a procesos de caída de planetas. Esto debemos investigarlo sistemáticamente". EN EL BARRIO SOLAR La estrella estudiada está en la constelación de Hidra, la serpiente de agua, a una distancia de 90 años luz. A escala de la galaxia, esta estrella está bastante cerca del Sol, "sería el vecindario, el barrio, el entorno del Sol; cercana pero en términos astronómicos", nos aclara Rebolo. Fue posible observarla a través de un telescopio que mirara al hemisférico sur, desde el European Southern Observatory, en Paranal, Chile. LA HUELLA DEL LITIO
"Pensamos que se podía comprobar la caída utilizando un test, que ya hemos diseñado, es lo novedoso. Consiste en usar un isótopo, que es una forma de un elemento químico bien conocido, el litio que es muy frágil, y que en las estrellas de tipo solar, como el Sol, no puede existir. Aunque la estrellas se forman con un contenido de este elemento al poco de tiempo de nacer, lo destruye y desaparece, este es un resultado bien establecido. "Entonces, si miramos una estrella y vemos que hay un alto contenido de este isótopo debemos pensar Ƒcómo se ha producido?, porque no es lo esperado y no se puede explicar en términos de la producción de la propia estrella. Eso lo hemos estudiado. "ƑCómo podemos aportar tanto litio 6 como observamos? La hipótesis que nosotros sostenemos y que es la más adecuada por el momento para interpretar el descubrimiento es que un planeta del tamaño de Júpiter se hubiese caído a la estrella y habría aportado ese contenido de litio 6 que observamos. Porque los planetas no destruyen este isótopo, no tienen en sus interiores las temperaturas para generar las reacciones que los destruyen, las estrellas sí, los planetas, no." No se puede descartar que fuese un planeta de tipo terrestre, con una composición química similar a los meteoritos. Rebolo considera este descubrimiento como un modesto avance que permite mirar solamente la punta del iceberg. El reto ahora es seguir la huella. |