Directora General: Carmen Lira Saade
México D.F. Lunes 29 de abril de 2002
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TOROS

Conmocionan tres niños toreros a la Plaza México, que ayer dejó de estar muerta

Joselito Adame, Hilda Tenorio y Juanito Chávez, promesas reveladas

Cortaron orejas y salieron a hombros Acertada actuación del juez Ricardo Balderas

LUMBRERA CHICO

En vísperas de fin de mundo, tres niños toreros -Joselito Adame, de 13 años, Juanito Chávez, de 14 e Hilda Tenorio, de 15-, estremecieron los cimientos de la Monumental Plaza Muerta y le devolvieron su nombre original, entregándose en la arena ante los pitones, que para ellos eran muchos pitones, y los kilos, que para ellos eran muchos kilos, de los hermosos pero irregulares novillos de la ganadería de El Vergel, a los cuales desorejaron con alegría, valor, dolor y lágrimas en aras del arte que en ellos permitió ayer la resurrección de la más antigua de las tradiciones populares de América.

Cuando todo parecía perdido para siempre, debido a la falta de empresas, ganado, figuras, promesas y críticos confiables, Juanito Chávez, con un ángel del tamaño de nuestra desolación global, se abrió de capa jugando los brazos con ritmo y temple para embarcar a Payaso, un precioso cárdeno nevado de 273 kilos (que eran demasiados kilos para el aprendiz), llevándose al bicho del tercio a los medios donde remató su ejercicio de verónicas con una media y un manguerazo de Villalta que se quedó en boceto, y luego le clavó dos pares incompletos y uno entero, cuadrando en la cara del eral, y después se plantó cerca de tablas y de la puerta de picadores para iniciar su trasteo de muleta con una serie de estatuarios, pero en la dibujo toros-Joselito Adamecuarta embestida fue prendido por la entrepierna, zarandeado en el aire y apaleado sin clemencia en la arena, para levantarse y retomar los avíos sangrando por la boca y la nariz, para luego intentar con éxito derechazos y naturales limpios y hondos, antes de entrar a matar, pinchando en tres viajes, y ser de nuevo molido a golpes por la res, que lo envió a la enfermería bajo el grito unánime de "štorero, torero!". Y hace cuánto la México no se emocionaba así...

Hilda Tenorio

A sus 15 años, hay que repetirlo, Hilda Tenorio ingresó ayer en la historia de la tauromaquia al convertirse en la primera mujer que clava un par del violín en la Plaza México, después de cuajar dos formidables quites, uno por verónicas y otro por chicuelinas, ante Promesa, cárdeno de 305, al cual, después de brindar su faena a Pepe San Martín, organizador del festejo, recogió con unos doblones en cuclillas, pero templadísimos y trazadísimos, de aquí hasta allá, al punto que un espectador extasiado gritó a todo pulmón: "šCierra la boca, Ponce!".

Antes de iniciar su toreo de muleta en redondo y en los medios, que a eso iba, Hilda citó al marrajete de largo y éste la empitonó a la altura de la pantorrilla impulsándola a las alturas y haciéndola girar en una doble vuelta de campana, que tuvo todo el espanto del horror pero también toda la belleza de la gimnasia olímpica, porque la niña nunca perdió la rectitud del cuerpo durante su vertiginoso vuelo, y cayó de pie, intacta, ilesa, triunfal como una reina de las medallas de oro. Y entonces sí procedió a torear en redondo y por abajo, pero volvió a ser derribada y en esta ocasión el novillo se cebó aporreándola, para despacharla con una coz en la nunca que la obligó a ser trasladada al hule con un ataque de amnesia temporal bajo el grito unánime de "štorera, torera!".

Joselito Adame

En una de mis lecturas infantiles más remotas recuerdo este párrafo, no así el nombre de su autor: "Ocho días después de la despedida de Rodolfo Gaona, debutó un becerrista de 13 años que iba a convertirse en una leyenda de los ruedos...". El escritor aludía, por supuesto, al maestro Fermín Espinosa Armillita.

Aunque hace ocho días no se cortó la coleta nadie, ayer pensaba en eso antes de entrar en la México mirando en el programa de mano la foto de Joselito Adame, su trágica sonrisa de niño torero. Y volví a pensarlo muchas veces más, cuando lo vi partir plaza tras la jaca de la rejoneadora Paty Gómez Vega, y entre los capotes de luces de sus alternantes -Pepe Murillo, Pepe López, la Tenorio y Juanito Chávez-, pero cuando este nuevo Joselito, de un metro 40 de estatura, empuñó la muleta doblada, terció el estoque de aluminio y se los echó a la espalda, caminando despatarrado en busca del juez, y cuando regresó a la barrera después de brindar a todo el mundo, para entregarle la montera a su padre, a quien abrazó deshecho en lágrimas, y cuando se fue a los medios flameando la franela para atraer a Juguetón, un feo cubeto cárdeno entrepelado de 290 kilos y más alto que él pero sin duda el mejor del encierro, supe que estábamos ante la revelación de un fenómeno que, si el diablo lo permite, será también leyenda de los ruedos.

Aprovechando todas las ventajas de su corta edad y de su pequeño cuerpo para transmitir su viva emoción al tendido, el niño, hacía un instante llorón, embarcó al animal con admirable oficio, y lo templó en redondo sobre todo por la derecha, y al final de cada serie puso a la gente de pie, y entonces culminó el trasteo con temerarias manoletinas, y cuando nadie suponía que iba a lograrlo y todos esperábamos que fuera cogido en el lance -como tres veces le ocurrió a Juanito Chávez-, dejó una media lagartijera en todo lo alto y la gente sacó los pañuelos pidiendo el rabo. Con acierto, el juez Ricardo Balderas le otorgó dos orejas.

Antes, Balderas había premiado a Chávez y a Tenorio con una oreja que cada cual recibió en la enfermería. La de ayer, en suma, fue una tarde interesantísima en la que destacaron los recursos de Pepe Murillo, también de 15 años, y la belleza sin hambre de la joven rejoneadora, quien al igual que Pepe López, podrá triunfar tal vez en otros campos mas no en éste que ayer, tras el descubrimiento de Tenorio, Adame y Chávez, renació a la esperanza...

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