ené Freire (Ciudad de México, 1952) es un hombre profundamente solitario que navega por el mar de la creatividad guiado por la brújula de la intuición. Aprendió del error, que es como realmente duele aprender, y del acierto, que lo ha guiado a lo largo de los años para convertirlo en pintor.
Creció en un entorno marcado por la adversidad; su padre, Jaime Freire, falleció cuando René tenía apenas 3 años de edad, dejando a su madre, Luz María Enciso, la crianza de tres hijos.
A pesar de las dificultades, se desarrolló en un hogar lleno de amor y dedicación en la colonia Condesa. La tiendita de su madre fue un lugar de refugio y abastecimiento.
A los 8 años, René Freire recibió sus primeros botes de pintura Vinci, lo que marcó el comienzo de una apasionada relación con la pintura. Durante su infancia, lo que más le gustaba era pintar sus cochecitos de plástico rellenos de plastilina. En la calle, dibujaba carreteras, jugando con sus fantasías y creaciones.
René Freire no se rinde, sigue aprendiendo y creciendo como pintor abstracto. Explora su propia verdad, encaminado por sus emociones y primeros impulsos. Aunque estudió en la Escuela Nacional de Artes Plásticas de la UNAM y en la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado La Esmeralda, René no siguió un camino convencional. No terminó la carrera en ninguna de las dos instituciones, pero esto no impidió que desarrollara su propio estilo y enfoque artístico. No es un pintor teórico, sino un artista que se deja llevar por su intuición.
La relación con el arte no es dócil, es una carrera de largo aliento y cada pincelada es un paso firme que hace que valga la pena seguir. Considera que la autocrítica es fundamental, es el reflejo de la verdad, de debilidades y fortalezas. Sin esta mirada crítica no se puede mejorar ni triunfar.
Para Freire, la pintura es como un libro, cada cuadro es una nueva revelación, un descubrimiento. El artista no puede dejar de leer, de crear y de explorar. Freire vive el día a día con incertidumbre, sin saber exactamente de qué vivirá mañana, ha aprendido a administrar sus recursos con sabiduría. Vive de manera austera, prepara su propia comida y evita gastos innecesarios. Su obra no siempre es una fuente de ingreso estable, pero cuando logra vender una pintura se permite un pequeño banquete, un momento de celebración y satisfacción.
Freire forma parte del Grupo Suma, un colectivo de artistas mexicanos que surgió en los años 70; entre sus integrantes se encuentran Ricardo Rocha (1937-2008), Armandina Lozano, Oliverio Hinojosa (1953-2001), Paloma Díaz Abreu, Gabriel Macotela (1954), Mario Rangel Faz (1956-2009), Patricia Salas y Santiago Rebolledo (1951-2020). El Grupo Suma exploró nuevas formas de expresión y promovió el arte como una herramienta para el cambio social. Tuvo un impacto significativo en la escena artística nacional.
La vida de René Freire es un testimonio de resiliencia y fortaleza del espíritu humano, un ejemplo de lucha por sobrevivir y crear a pesar de las dificultades. Es inspirador para las nuevas generaciones que enfrentan desafíos en su propio camino.