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Piensos de marzo

U

na vocación no entrenada no es vocación.Instinto e intuición son palabras de difícil discernimiento, mas no por ello, en poesía, no ( todo lo contrario) recomendables, recomendabilísimas. “Tenía razón César Pavese al advertir que el poeta, por grande que resulte, será siempre un aprendiz”. Roberto Juarroz.

Que tu desahogo no ahogue al lector. Lo primero que un aprendiz debe aprender es a no ilusionarse con que lo que escribe, sin ser sometido a la propia mirada crítica, es poesía. Debe el aprendiz leerse como si fuera de otro lo escrito, y no menos leerse como si él mismo fuera otro, un lector si se quiere avezado, pero paradójicamente común, que por casualidad se ha encontrado un escrito de sabe quién.

La palabra cuando en verdad palabra no fracasa. Fracasa cuando remedo o suplantación de (la) palabra. Escribir (actuar al escribir) desde la totalidad que uno es y que uno es con todo.

Todo poema una secuencia, lo más natural posible, de imágenes, una nacida de la otra y así. Todo poema un organismo. Tal vez fastidie recordar a Huidobro, pero… Hacer un poema como la naturaleza hace un árbol.

No se trata de quedar, sino de ver. Es la visión y no la permanencia lo que importa. Somos apenas sueño de una sombra. / Pero a veces la dicha, como un relámpago, / ilumina la triste vida. Píndaro en versión de José Emilio Pacheco, que cómo recuerda, o al revés, cierto conocidísimo poema de Salvatore Quasimodo.

No se trata de llegar a la poesía, sino de en ella estar. Y en ella ser. El poema es sin porqués ni paraqués. Es. Y eso es todo.

Dijo: La película toca temas profundos, pero no es profunda. Con algunos poemas pasa así. No dejes que lo entre comillas poético se le asobrone (se le encime) a lo cierta, franca y, si se puede, hondamente poético. Lo poético tiene lo suyo de superficialidad y de superstición. La poesía es realista, decidida, grave, y no fácilmente concede nada, ni (o menos) al autor.

El artista en su trabajo debe ser como Dios en su creación, invisible y todopoderoso; debe sentírsele en todos los sitios, pero no debe ser visto. Gustave Flaubert. La poesía tiene algo de la abeja délfica que, según indica Roberto Calasso, era también nombre con la que se conocía a la Pitia. Leo en un prólogo a La educación sentimental: “… los cuadernos de trabajo de Flaubert, mil cien folios […], diez veces […] que las 2 mil páginas que suman todas sus obras”.