El cantante vasco ofrecerá un show gratuito el domingo en el Monumento a la Revolución

Jueves 28 de agosto de 2025, p. 7
Con música, palabra y humanismo, el vasco Fermin Muguruza ha modificado la vibración de seguidores y articulado en ellos una especie de, digamos, buen discernimiento de la vida a través del música y el cine.
Le gusta accionar ante lo que, siente, está mal colocado por vicios de los sistemas capitalistas, fascistas, oligarcas. Sabe igual que hablar sobre injusticias sociales le ha traído estigma, pero tras 40 años seguirá “siendo la misma persona a la que le hierve la sangre donde ve una injusticia”, manifiesta a La Jornada.
Ahora, “con más años, experiencia y desencantos, sigo perseverante en mis convicciones”, asegura el que ha hecho bailar con palabras como fascismo, hipocresía o maldito burgués.
Desde que publicó la maqueta de su primera banda Kortatu (rock y ska vasco en euskera y castellano), en Irún (Euskadi), en 1984, cumple 40 años de hacer cantar, danzar y reflexionar a la cara B del mundo.
Multiforo Alicia
Muguruza, también cineasta, fue aquel al que el pasado 30 de mayo la policía de la alcaldía Cuauhtémoc, el Ejército y la Guardia Nacional le suspendió un concierto en el Multiforo Cultural Alicia con un operativo que generó debate nacional.
Ahora, la Secretaría de Cultura del Gobierno de la CDMX le repone ese concierto reconociendo ese “injustificado desalojo” con Muguruza en el Monumento a la Revolución. Expresión libre contra la barbarie, show gratuito que se efectuará el próximo domingo a las 19 horas.
A Muguruza lo ha perseguido la censura. Recuerda: “me expulsaron de México en 1996 por ir a visitar al subcomandante Marcos y por mi apoyo explícito al zapatismo; sin embargo, regresé a los años para actuar y también colaborar con uno de los mejores festivales, el DocsDF, ahora el DocsMX. Me cancelaron el Alicia con un despliegue militar irracional, y volveré para concluirlo”.
También, el gobierno de Israel lo expulsó de Palestina en 2002 por “hacer de escudo humano para intentar que no asesinaran a (Yasir) Arafat en la Mukata; volví ahí para rodar el documental Checkpoint Rock, y así tejer una red de contactos con los creadores palestinos”, rememora.
Menciona: “Memorias de mundos desaparecidos sería un gran título para que festeje el fin de la era de la explotación del hombre por el hombre, el racismo y el fascismo, o la nueva vida en una Palestina libre”.
El calor de mi gente
Creador de Esan Ozenki (Grítalo fuerte, en castellano), sello tesoro del rock euskaldun, siguió con el potente proyecto Negu Gorriak, entre otros que han dejado tatuada su marca antisistema con punk, rock, reggae, dub, hip-hop, soul, drum & bass, funk y cualquier género que se tope.
¿Qué motiva su esperanza?, se le pregunta. “El calor de mi gente, de la comunidad, saber que allá donde vayas, siempre encontrarás personas resistiendo, y ser consciente de que el desencanto, el cansancio, la desmotivación también son partes del proceso vital de cada quién”.
–¿Por qué nunca callas?
–Porque me lo debo a mí mismo, pero también a mis antepasados, a todas y todos los que ya no están pero lucharon en algún momento para que este mundo fuera más habitable.
–¿Hay opciones hoy para artistas que abanderen lucha social?
–La industria del entretenimiento siempre ha tratado de fagocitar toda expresión disidente para neutralizarla, e incluso sacarle beneficio. Siempre he dicho que el único fallo que tiene London Calling, de The Clash, es que fue editado por una multinacional. Pero sigue habiendo opciones para los que desde un inicio proponen justicia social, la autodeterminación de los pueblos y la solidaridad internacional. Siempre habrá pequeñas grietas por donde colarnos e incluso poder abrir boquetes en los diferentes muros. El más claro ejemplo actual lo tenemos en la joven banda rapera Kneecap, cantando en irlandés y proyectando a nivel mundial la denuncia por el genocidio en Gaza.
Por años, Fermín cambió trinchera y dedicó más a la creación audiovisual filmando películas animadas, y una novela gráfica. La muerte de su hermano Íñigo –miembro de Kortatu y Negu Gorriak– lo dejó “en la devastación total. Me acercó al realismo mágico para las conversaciones que desde entonces tengo con todos mis muertitos y especialmente con él. No es que pensara que dejaría la música, sino que no podía ni acercarme a un escenario. Algo cambió el año pasado cuando acusaron a un instituto de Valencia de apología del terrorismo por un mural que hicieron dedicado a mí. A los días, jugadores del equipo de futbol Athletic de Bilbao salieron a celebrar su título de copa con canciones mías”.
Afirma que “despertó el léon que llevo dentro; el momento de responder con más cultura, llevando a mi hermano en cada nota, en cada canción, en cada concierto”.
–¿Qué recuerdos tienes acerca del Alicia?
–No sentí miedo por mí, pero sí por lo que pudiera ocurrir con la gente que estaba disfrutando del concierto. Una palabra más alta, una expresión de rabia, una botella rota pudiera haber desencadenado una respuesta desproporcionada, quizá una balacera con un resultado trágico. Interpelé a la alcaldesa Alessandra Rojo de la Vega, y me respondió, vía Instagram, que no tenía nada qué ver, y que defendía la cultura y al libertad de expresión, que estaba en contra de la censura. Después, he visto sus reuniones con gente de la extrema derecha por Europa y España, y entiendo que los reaccionarios de todo el mundo se están apropiado de discursos progresistas vaciándolos de contenido pero calando en el descontento popular hacia las élites, a las que sirven. Es de doble estándar y muy sui generis que me dijera que se ofrece a brindar espacios y a la vez se reúna con las fuerzas empresariales y políticas que censuran mis actuaciones en el Estado español.
–Estamos viviendo un crecimiento de la derecha y la ultraderecha en el mundo.
–Las empresas de mayor capitalización de mercado se unen para defender sus privilegios. Una de sus armas más poderosas son los medios de comunicación. Sólo hay que ver la línea editorial de los diferentes periódicos, radios y redes sociales que son propiedad de este entramado que fomenta el odio a la migración, a los distritos multiculturales llamándolos estercoleros, etcétera. Pero, bajo los adoquines sigue estando la playa; la clase obrera tenemos la llave para pararlo todo: la huelga general.
Añade: “la música es la disciplina del arte más cercana a la vida y a la muerte”. Y, siempre será un camino. “Defiendo lo que escuchen los jóvenes, que siempre encontrarán cómo responder al autoritarismo”.
Muguruza ha encontrado también en la expresión audiovisdual un camino. “Soy un contador de historias, ya sea con una canción, un disco o una película. Cambio los formatos de expresión, pero el objetivo es transmitir relatos”.
Black is Beltza, cinta de animación inspirada en la novela gráfica creación del propio Muguruza, Harkaitz Kano y Dr Alderete, fue su debut como director.
–¿Es un manifiesto o un diario familiar?
–Es un manifiesto propuesto desde la perspectiva interseccional, por la articulación de distintos movimientos sociales de manera no hegemónica. Con muchas referencias biográficas, eso sí, con Ainhoa, antiheroína y el lugar donde se refugiaron mis abuelos con mi madre tras la toma fascista de Irún (su terruño), como referente de la autodefensa feminista y con la consigna de ‘si no se puede bailar no es mi revolución’ pintada en cada secuencia.
–¿Qué es la autonomía, la independencia, la libertad y el silencio?
–La autonomía, la independencia, la libertad es algo esencial para no callar, sin olvidar que el silencio también es una figura musical imprescindible para el equilibrio de la partitura.
Muguruza regresa acompañado de un combo de ejecutantes finos que lo ha seguido en su gira de ágape. Le abren a las 17 horas Tijuana No! y Niña Dioz, rapera de Monterrey.