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México D.F. Lunes 22 de septiembre de 2003

Iván Restrepo

ƑMás daño ambiental en la Laguna?

En meses recientes ha crecido en ciertas regiones del país la oposición a la construcción de enormes presas hidráulicas. Con justa razón, los pobladores del medio rural donde se han proyectado esas obras protestan porque desconocen su alcance y el grado en que ellos y los recursos naturales serán afectados, una vez concluidas. Si bien las autoridades siempre afirman que ni el ambiente ni mucho menos la gente tendrán problemas posteriores y que todo es en beneficio de las mayorías, luego las cosas no resultan como se prometieron.

Ahora mismo hay oposición a diversas obras hidráulicas en Arcediano, Jalisco, para surtir de agua a Guadalajara, a lo cual nos referimos en este espacio en marzo pasado. Otras dos estarían ubicadas en la Laguna, Coahuila, aprovechando el agua del río Aguanaval. Aunque su capacidad no es enorme, los daños al ambiente serían elevados.

La información oficial sobre estas dos presas no es muy clara, pero se dice que servirían para controlar inundaciones y recargar los acuíferos. Mas la ciudadanía lagunera, que poco cree al gobierno y sabe bien los daños que provocan las presas (como las enclavadas en el río Nazas), sospecha que son para almacenar agua destinada a los sembradíos de alfalfa, lo cual niegan los poderosos lecheros locales. En la región la construcción de las presas El Palmito y Las Tórtolas, así como el canal de Sacramento, cambió de tajo grandes segmentos del Nazas y terminaron con la flora y la fauna que había desde tiempo inmemorial.

El Aguanaval es un río modesto y sobrexplotado que cuenta con agua permanente, gracias a varios manantiales que borbotean del fondo del cauce. Construir esas presas en su cuenca acabaría con dos cañones de gran belleza: La Cabeza y El Realito, donde hay ahuehuetes centenarios, sauces, álamos y biodiversidad insospechada. Ahí podría haber hasta 12 especies de peces endémicos, como la carpa del Nazas y el cachorrito del Aguanaval. No está de más señalar que la pérdida de diversidad biológica por la construcción de grandes y medianas presas figura entre las más altas del planeta; por eso científicos, e incluso organismos internacionales, las cuestionan y exigen, en caso de que no se puedan evitar, medidas extremas para mitigar posibles daños.

De las proyectadas obras en el Aguanaval, el doctor Francisco Valdés suele decir que una de las grandes diferencias entre los ingenieros hidráulicos y los ambientalistas de la Laguna y otras áreas con graves escasez de agua es que, mientras aquéllos miden el agua en metros cúbicos, los ambientalistas la eva-lúan en kilates. Y agrega que por el agua existen en el desierto ecosistemas muy ricos, con variada flora y fauna, flexibles y aguantadores a las extremas condiciones climáticas. Los ecosistemas de agua dulce en zonas áridas son asiento de una ecología peculiar y única. Los peces de un río o de un arroyo -igual que crustáceos y moluscos- son especies únicas, distintas de las de ríos o arroyos vecinos debido al aislamiento entre las corrientes y los cuerpos de agua en los desiertos. No es raro encontrar especies de peces que son exclusivas de una tinaja en particular. Han evolucionado y poblado un volumen de agua igual al de un jacuzzi mediano.

Valdés insiste en que si la flora y la fauna de las aguas dulces de nuestro desierto han sido capaces de sobrevivir a asteroides, congelamientos, calentamientos globales e invasiones biológicas, también han mostrado su fragilidad ante los embates del hombre moderno. En Estados Unidos 40 por ciento de las especies de peces de agua dulce están extintas o en vías de desaparecer. La misma trágica suerte corre 50 por ciento de los crustáceos de agua dulce y 70 por ciento de los bivalvos. Para aves, mamíferos y reptiles, la proporción de especies extintas o en camino de extinción se ubica entre 15 y 18 por ciento. Para encontrar números similares a los de los animales de agua dulce hay que remitirnos a la última gran ola de extinciones, cuando desaparecieron los dinosaurios.

En fin, de todas las extinciones que afectan la flora y la fauna americana, la de los animales de agua dulce es quizá la más indignante, porque podría evitarse. El drama está por repetirse en la Laguna, de construirse estas dos nuevas presas. Nuestro silencio nos hace cómplices de esta nueva destrucción.

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