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México D.F. Lunes 22 de septiembre de 2003
"Uno vuelve siempre a sus orígenes. El definitivo en mí, es el musical", dijo
En Una señora con estilo, Raquel Olmedo comparte sus vivencias mediante el canto
ARTURO CRUZ BARCENAS
Con el espectáculo poético-musical Una señora con estilo, la actriz Raquel Olmedo canta, dice, platica, las canciones que hablan de lo que ha vivido, sentido, compartido, con amigos, admiradores, enamorados, pretendientes. Lleva, desde la noche del pasado viernes, a pensar en las palabras que alguien, de modo casi silente, le pronunció al oído una tarde o una noche.
Su metro 73 de estatura luce más en el escenario del teatro Virginia Fábregas, donde expresó que "uno vuelve siempre, en una u otra forma, a sus orígenes. El definitivo en mí y, principalmente el más satisfactorio, es el musical", dijo. "Además, es importante para mí rescatar para los jóvenes de hoy lo que todavía no es ayer, pero que podría serlo rápidamente. Creo que también busco más amor de Dios, porque cuando cantamos Dios nos ama.
"Gustarme estas canciones y cantarlas no es suficiente si no las comparto con ustedes", expuso, y pidió que en el desenmascaramiento sentimental, vía las tonadas, le guardaran el secreto, "por favor". Cada quien va acumulando canciones, haciéndolas propias. Cada tonada remite a un momento de la vida, de una relación quizá importante, tal vez fugaz, pero parte del instante que nos tocó en suerte.
Ante muchos de sus amigos
Comenzó el canto de la intimidad, ante muchos de sus amigos. Interpretó de manera fuerte, casi platicando, con energía, con ahínco. Aquí vengo a cantar, de Alberto Cortez; A un semejante, de Eladia Blázquez; Canción de las simples cosas, de César Isella; No sé tú, de Armando Manzanero...
Las canciones son resúmenes y muchas veces sólo dos personas saben que las entrelazan la letra y la melodía. Distantes, los amantes separados se recuerdan en una pieza lejana en el tiempo, cercana al corazón. Todos tienen una historia musical, todos se han hecho de la inspiración de otros. Catarsis del alma, las composiciones se ajustan a las situaciones más diversas, a veces inverosímiles.
Todo cambia
Interpretó Todo cambia, de Julio Numausser, pequeño reclamo a quien reprocha ir contra la inmanencia. "Que yo cambie no es extraño". El título del espectáculo surgió a partir de la canción Una señora con estilo, de Amparo Rubín, quien subió al escenario a tocar no su tradicional guitarra, sino un órgano eléctrico. Para ello, Olmedo tuvo que pagar una pequeña factura: leer la impresión que tuvo al regresar a Cuba, su país natal. Ahora es mexicana, pero mencionó que se vuelve al origen para "desoriginarse".
Las paredes de la casa paterna ya no son las mismas. Hay un frío en la arquitectura. Cambia, todo cambia. Rubín precisó que su composición fue hecha hace 15 años, pero la guardó hasta hallar a quien le quedara "el saco". Ella fue Olmedo. Siguió la noche en un ambiente de bohemia, de velada, entre un público amigo, cercano a la actriz de la voz dura, firme, pero cálida.
Acompañan a Raquel Olmedo, Omar Ortiz, en el teclado y la dirección musical; Felipe Valdés, guitarra requinto; Remy Farfán, guitarra, flauta, charango, zampoña; Bogdan Chávez, batería y percusiones, y Daniel Vera, bajo. El teatro Virginia Fábregas se encuentra en Velázquez de León 29, colonia San Rafael (atrás del teatro San Rafael). Funciones: viernes, 20:30 horas; sábados, 19; domingos, 18. Ticketmaster: 5325-9000.
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