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México D.F. Miércoles 2 de julio de 2003
WASHINGTON: CHANTAJES Y SIMULACIONES
El
portavoz del Departamento de Estado, Richard Boucher, anunció ayer
la suspensión de la asistencia militar estadunidense a Colombia,
como medida de presión para obligar a ese país sudamericano
a que firme un estatuto de impunidad ante la Corte Penal Internacional
(CPI) para los funcionarios civiles y militares de Washington. La medida
afecta a otros 34 países --de los 134 que reciben ayuda bélica
de Estados Unidos-- que, al igual que Colombia, se han adherido al Estatuto
de Roma sin otorgar inmunidad previa a los ciudadanos estadunidenses. En
este hemisferio la suspensión de la asistencia militar afecta además
a Brasil, Costa Rica, República Dominicana, Ecuador, Paraguay, Perú,
Uruguay y Venezuela, así como a cinco naciones del Caribe angloparlante.
En una primera lectura, la suspensión de la ayuda
bélica estadunidense podría parecer catastrófica para
el gobierno colombiano que, junto con Israel y Egipto, es uno de los tres
más favorecidos por la asistencia militar de Washington. El régimen
que preside Alvaro Uribe mantiene una fuerte dependencia de los recursos
en dinero, en armas, municiones, vehículos y aeronaves, en entrenamiento
y hasta en participación directa de efectivos estadunidenses, recursos
esenciales en su lucha de varios frentes contra las arraigadas organizaciones
guerrilleras, contra las mafias del narcotráfico, contra los grupos
paramilitares originalmente armados y organizados por el ejército
gubernamental --y hoy fuera de control--, así como contra la delincuencia
común. De hecho, de no ser por la asistencia de Washington, las
autoridades de Bogotá ya habrían perdido más de una
de esas guerras simultáneas.
Sin embargo, al observar la cantidad de excepciones que
el propio gobierno de George W. Bush establece para sus propias directivas,
resulta que el corte de la ayuda militar a la nación sudamericana
es, en buena medida, una simulación: de los cien millones de dólares
que Washington habría denegado a Colombia, 95 por ciento fue ya
entregado. Además, el Departamento de Estado no considera "asistencia
militar" los recursos destinados a combatir el narcotráfico y la
corrupción o a impulsar la "reforma al Poder Judicial", por más
que tales recursos consistan en armas, municiones, equipos de comunicaciones,
radares y helicópteros de combate. De hecho, en la lógica
de los intereses estratégicos de Washington en el Hemisferio, dejar
sin asistencia bélica a Alvaro Uribe --estrecho aliado regional
y mundial de Washington-- sería un disparate de costos enormes que
el actual Poder Ejecutivo estadunidense no puede cometer, por muy marcadas
que sean sus ineptitudes.
De cualquier forma, la casi simbólica suspensión
de la ayuda militar a Colombia y a otros 34 estados soberanos representa
un chantaje grosero e inadmisible, perpetrado con el peor de los propósitos:
la búsqueda de la impunidad criminal para los funcionarios y efectivos
estadunidenses en todo el mundo.
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